El camino de DeFi hacia la banca global pasa por la transformación de las operaciones de back-office, no por el comercio especulativo — pero los fallos de seguridad persistentes están manteniendo el capital institucional al margen, según los ejecutivos que hablaron en la conferencia Proof of Talk en París. Solo en abril se registraron brechas en 27 de los 30 días, lo que llevó al CEO de CertiK, Ronghui Gu, a calificarlo como el peor mes de DeFi en cuatro años. Los cibercriminales norcoreanos drenaron casi 600 millones de dólares de Drift Protocol y Kelp DAO en ese periodo.
Por qué es importante
El mensaje de los ejecutivos es estructural: el problema de seguridad de DeFi no es un bache, sino un techo duro para la adopción institucional. La CEO de OGroup, Maja Vujinovic, lo expresó de manera contundente: DeFi no crecerá más allá de su base de usuarios actual hasta que se solucionen los puentes y la pila de seguridad más amplia. El CEO de Solstice, Ben Nadereski, coincidió con esa opinión, argumentando que los desarrolladores priorizan el código innovador sobre la responsabilidad fundamental de gestionar el capital de manera segura. La CEO de Franklin Templeton, Jenny Johnson, añadió otra capa: incluso sin los hackeos, las grandes firmas financieras son lentas para moverse porque las blockchains públicas amenazan los modelos de intermediación basados en comisiones que sustentan sus ingresos.
Impacto en el mercado
Societe Generale Forge ya está intentando cerrar la brecha, tokenizando productos estructurados y bonos verdes en blockchains públicas y emitiendo sus propios stablecoins regulados — EURCV y USDCV — para resolver la capa de liquidación en efectivo. La directora de estrategia, Stéphanie Cabossioras, fue directa: los clientes institucionales quieren un custodio de confianza, no un protocolo de autocustodia. Hasta que DeFi pueda ofrecer ese perfil de seguridad, o hasta que los bancos regulados construyan rieles compatibles sobre él, la oferta institucional de un billón de dólares sigue siendo teórica.