Hace tres años, la SEC presentó una demanda amplia contra Coinbase, alegando que el intercambio operaba como un corredor de valores no registrado y listaba tokens que calificaban como valores. En ese momento, la acción generó serias dudas sobre la viabilidad a largo plazo de Coinbase como una empresa que cotiza en bolsa en EE. UU.
Hoy, Coinbase se encuentra en el S&P 500, uno de los índices de acciones más vigilados del mundo, reservado para empresas que cumplen con estrictos umbrales de tamaño, liquidez y rentabilidad. El contraste es notable: una empresa que el regulador intentó cerrar ha ganado desde entonces un lugar junto a las corporaciones más grandes de las finanzas estadounidenses.
Este arco refleja un cambio más amplio en el clima regulatorio de EE. UU. en torno a las criptomonedas. El caso de la SEC contra Coinbase ha disminuido significativamente, y el entorno político en Washington se ha vuelto notablemente más acogedor hacia los activos digitales. Para la industria, la inclusión de Coinbase en el S&P 500 es una señal de legitimidad que trasciende el debate sobre si las criptomonedas pertenecen a las finanzas tradicionales: el comité del índice respondió a esa pregunta con un voto.